Hay quienes ven la civilización en los triunfos de las ciencias naturales y exactas, en el gran cúmulo de conocimientos prácticos que de ellas emanan, en el momento de comodidades para la vida y de placeres para los sentidos, en aquel exuberante brillo que rodea por todas partes y con rapidez vertiginosa a los pueblos y naciones en todo aquel ruido, en fin, que los ensordece y atolondra, amén de la indiferencia de la fe religiosa a del combate contra ella, combate que es para alguna precisa condición de las luces del siglo y de sus agigantados pasos camino de la perfección indefinida...
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