Después de pocos días debe hallarse entre nosotros el señor doctor don Abelardo J. Andrade, ciudadano meritísimo, que viene de ejercer el cargo de Cónsul General en Amberes. Sus labores consulares deben ser beneficiosas al país, indudablemente, porque el doctor Andrade tiene la virtud de dejar huella imborrable y luminosa por donde pasa. Nos anticipamos, pues, en presentarle nuestro entusiasta saludo al señor doctor Andrade; y, al cumplir con este deber, tenemos la satisfacción de reproducir algunos de los muchos testimonios que manifiestan los merecimientos indiscutibles de tan distinguido paisano, acreedor, como pocos, a la verdadera consideración y gratitud de los suyos.
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